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lunes, 25 de agosto de 2014

EXPLICAN CIENTÍFICAMENTE POR QUÉ NOS ENAMORAMOS


Al estar enamorado, además de sentir que todo es felicidad, se llegan a actitudes y acciones por demás diferentes al comportamiento habitual. Desvelos, cambios de humor y necesidad de saber sobre la otra persona, son algunos de los síntomas de dicho estado, el cual tiene su origen en una región cerebral.
La oxitocina, mejor conocida como “la hormona del amor”, es una molécula liberada a partir de la glándula pituitaria, la cual llega a través de la sangre a diferentes partes del organismo. Esta hormona provoca una serie de cambios en el cuerpo, principalmente en las actitudes de una persona, como felicidad, enojo, sueño, tristeza y por supuesto lo que se define como “sentirse enamorado”.
De acuerdo al estudio de Gareth Leng, investigador de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, esta hormona es responsable de que la atracción inicial avance hacia algo más, como un vínculo de amor duradero. Es decir, la oxitocina ayuda a forjar los lazos sentimentales entre amantes después de las primeras emociones.
Al iniciar la segregación de oxitocina, el cuerpo comienza a disfrutar de los efectos tan placenteros que produce al organismo, generando una necesidad cada vez mayor de estar con la persona que “induce” este estado de bienestar.
Actualmente hay muchas maneras de gozar de los beneficios que brinda esta hormona, pero lo más importantes es saber cómo se puede fomentar una mayor segregación: durante el parto, lactancia y durante el sexo. Esta última opción, además de dar muchas ventajas físicas y emocionales, logra a través del placer, forjar una mejor convivencia entre la pareja.
“Es muy importante tener en cuenta las ventajas que una vida sexual activa puede darle al cuerpo. La oxitocina es muchas veces el inicio de mayores satisfacciones, tanto en el ámbito personal como profesional. Mientras la pareja tenga una vida sexual plena, se podrá gozar de un mayor bienestar por más tiempo” comentó Teresa Flores, Sexóloga y Directora de Comunicación de Boston Medical Group.
Cabe mencionar que no por conocer los efectos de la oxitocina, significa que al tener relaciones sexuales por primera vez, se logre un enamoramiento instantáneo. Para tener este tipo sentimientos debe haber un proceso que incluya más encuentros que liberen una mayor cantidad de la hormona.
Para concluir, al tener una vida sexual activa y de calidad, se puede lograr una relación en pareja mucho más fortalecida, pues el nivel de enamoramiento irá incrementando al mantener la dosis de oxitocina necesaria para gozar de una vida plena y saludable. Y por el contrario, cuando la pareja no puede tener relaciones sexuales a causa de alguna disfunción sexual como la disfunción eréctil, la pareja experimenta distanciamiento y se generan sentimientos de resentimiento y culpabilidad que afectan la relación y el vínculo entre ambos.
Fuente: http://www.invdes.com.mx/

viernes, 22 de agosto de 2014

Dejar de ser esclavos


Se obediente, estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, mira la tele, consume, y adorna tu casa en Navidad. Y sobre todo: NUNCA cuestiones lo que te han dicho que tienes que hacer.

  
La sociedad y la tradición, ejercen desde el día que nacemos, una poderosa influencia sobre nosotros. Se nos adoctrina, para obedecer pautas y directrices predeterminadas por la mayoría y para rechazar sistemáticamente ideas nuevas.

Nos desanima formar parte de una cadena de vida prefabricada, pero asociamos con la frustración y fracaso cualquier tentativa de cambio. Detenernos a pensar para cambiar nuestra mentalidad, tomar las riendas de nuestra existencia, nos enfrenta contra nuestro miedo a la libertad.
 

Gozamos de mecanismos que garantizan la parálisis psicológica de la sociedad:


El miedo: cuanto más temor e inseguridad tengamos, más necesitaremos que nos protejan, (el Estado, las instituciones, se convertirán en nuestros aliados ).

El autoengaño: nos mentimos, para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de cambio. Para lograrlo bastará con mirar hacia otro lado, emplear infinitas formas de entretenimiento para evadirnos las 24 horas del día de nosotros mismos, conseguirá que vivamos narcotizados.

La resignación: agotados física y mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando que "la vida que llevamos es la única posible". Asumiendo ser víctimas de nuestras circunstancias, utilizamos la arrogancia y el cinismo contra las personas que piensan distinto, para defendernos en caso de sentirnos cuestionados. Y nos rellenamos de escepticismo para justificar una vida de segunda mano. Por último, el mecanismo de defensa más cruel:

La pereza, cuyo significado quiere decir "tristeza de ánimo de quién no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar".
 
"Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos" (Jiddu Krishnamurti)
 
Nadie dijo que fuera fácil, pero para empezar a cambiar sólo hay que dar un primer paso.

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miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Te comunicas de forma pasiva o asertiva?

¿Te comunicas de forma pasiva o asertiva?


Seguro que conoces a ese tipo de personas que, con su modo de hablar, de comunicar, denotan ya cierta violencia implícita. Y más aún, también te habrás encontrado con esas otras con las que sientes cierta desconfianza: por su mirada esquiva, por su condescendencia, por una actitud que roza la falsedad haciéndote sentir incómodo/a.


La realidad de todo ello es que, en el fondo, todos sabemos leer entre lineas e intuir qué tipo de personalidad dispone la persona que tenemos en frente cuando hablamos con ella. Pero ¿eres consciente de lo que tú transmites, de la imagen que ofreces a los demás? Vale la pena dar un pequeño repaso a los tres estilos básicos de comunicación, no solo para entender mejor a aquellos que tenemos junto a nosotros en el trabajo, en la calle, en la familia. También para hacer un pequeño acto de instrospección al respecto de nuestra actitud a la hora de expresar, opinar y dialogar. Veamoslo seguidamente:

PRINCIPALES ESTILOS DE COMUNICACIÓN


1. La comunicación agresiva: 

Estamos seguros de que te has encontrado este tipo de comunicación más de una vez. Se basa ante todo en la idea de que el punto de vista y los deseos de uno, están por encima de los demás. Cuando hablamos de lenguaje agresivo no nos estamos refiriendo en absoluto a personas que utilizan palabras mal sonantes, que levantan la voz y que se dirigen a nosotros de forma insultante.

La comunicación agresiva busca ante todo defenderse manera impositiva, atacando nuestros derechos de modo sutil, despreciándonos, impidiéndonos que podamos expresarnos con libertad, infravalorando nuestras palabras y  mostrando un orgullo muy afilado en cada momento. No dudan en humillar a quienes tienen a su alrededor, pero cuando lo hacen, tienen un don especial para hacernos creer que lo hacen por nuestro bien. Para enseñarnos, para indicarnos cómo son las cosas desde su propio punto de vista.


2. Comunicación pasiva: 

Este tipo de comunicación es muy común. Su principal característica es que la persona que la utiliza, no suele expresa o transmitir de forma abierta y directa sus pensamientos. Puede llevar contigo una conversación normal, pero poco a poco te darás cuenta de que apenas te aporta información alguna, que eres tú quien habla la mayor parte del tiempo.

Son personas más bien pasivas que ocultan lo que piensan por dos razones. La primera es porque no quiere causarte daño al decirte lo que tiene en mente, o sencillamente, no se atreve. Pueden ser personas algo tímidas, algo cerradas o, sencillamente, su autoestima en ese momento no está muy elevada y no se siente cómodo o seguro argumentando lo que en verdad siente. Temores, miedos, inseguridades... Todos podemos experimentar esta sensación en un momento dado y sencillamente, ser menos comunicativos, menos abiertos...


3. Comunicación asertiva


Esta, es sin duda el tipo de comunicación que todos deberíamos practicar. Es la más sana, la más productiva y necesaria entre nosotros. ¿Y en qué se basa? En expresar nuestras ideas de forma abierta y directa, sin hacer daño, sin manipular, sin ofender... para ello hay que saber gestionar muy bien las emociones, sabiendo ante todo en qué momento comunicar y cómo hacerlo.

Cuando comunican, utilizan ante todo el pronombre personal: "Yo creo, yo pienso, yo opino". Hacerlo no implica un rasgo de egoísmo, en absoluto. Lo que pretendemos es ser sinceros y abiertos, aportando siempre la información correctapara que el díalogo sea productivo y efectivo. Aportando confianza, apertura, transmitiendo valores y equilibrio


Sabemos que en ocasiones, el tipo de comunicación depende del momento. A veces nuestra autoestima no está muy elevada y no somos capaces de dialogar de modo efectiva. En otros momentos, te sientes molesto con una persona y te inclinas por una comunicación agresiva.... caer en estos polos es común. Pero debemos fomentar, desarrollar y practicar ante todo la comunicación asertiva. Y tú ¿ya la haces? 

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lunes, 11 de agosto de 2014

Heridas emocionales

Heridas emocionales


Transitar por la vida con un concepto equivocado de sí mismo es un peso insostenible.


El factor clave es la autoestima, como rasgo de la personalidad. Es una verdad simple pero auténtica, para disfrutar de la vida lo primordial es sentirse bien con uno mismo, confiar en nuestras virtudes y ser flexibles ante las situaciones conflictivas. Sin embargo, este delicado equilibrio depende de la autoestima, esa característica de la personalidad que mediatiza el éxito o el fracaso.
Todos tenemos internamente, conflictos no resueltos. Cuando una persona no logra ser auténtica, se originan trastornos psicológicos, sentimientos ocultos de dolor, relacionados con una baja autoestima, que pueden asumir muchas formas: ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, tendencia al pesimismo y la autodestrucción, neurosis, depresión.

Heridas emocionales con consecuencias físicas, tales como: (úlceras, hipertensión, trastornos cardíacos , alimentarios, dermatológicos, etc, y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos, pero que generan dolor (timidez, vergüenza, miedo, trastornos psicosomáticos).
 
La autoestima es esencial para la supervivencia psicológica; es la suma de la autoconfianza y el autorespeto, es la actitud positiva que tiene una persona de percibirse y valorarse.
 
Una visión sana en relación a la autoestima –ya sea en momentos buenos o malos– es afrontar la vida, con la convicción de que se es competente para vivir y para ser feliz, lo cual lleva a asimilar con confianza y optimismo nuestras metas. Las personas con buena autoestima, son más creativas en el trabajo, resisten las presiones y dificultan la tentación de sucumbir ante la derrota, son más ambiciosas en cuanto a las expectativas de vida.
 
La correcta relación del individuo con su autoestima, genera vitalidad, optimismo, equilibrio a nuestro alrededor y una armonía que nos impulsa a tratar a los demás con respeto, benevolencia, buena voluntad, y empatía, sentando bases que nos permitan disfrutar de las oportunidades que se nos presentan, y lograr la serenidad adecuada para solventar obstáculos que puedan surgir, que en definitiva es, lo que hace posible el arte de valorar la vida.
 

Fuente: http://lamenteesmaravillosa.com/heridas-emocionales/

jueves, 7 de agosto de 2014

¿Cuánto dice el silencio?

¿Cuánto dice el silencio?


De todas las formas de lenguaje y expresión que dispone una persona para comunicarse, la menos fiable es el habla. Me explico. Una persona con la capacidad de hablar puede, en mayor o menor medida, corromper la veracidad de sus palabras con cierta facilidad siempre que lo desee.


Mentir es tan sencillo como usar una palabra en lugar de otra y darle un valor que no debería de tener. Así de fácil. Hay quienes mienten más que hablan. También hay quienes mienten mejor que otros. Y por supuesto, los hay que no desean mentir. 

Pero centrándonos en la sinceridad del mensaje, mentir o no mentir es una decisión, por norma general. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con el lenguaje gestual? Me refiero al no controlado. 

Al que resulta tan difícil de ocultar. Una mala cara cuando alguien hace algo con lo que estás en completo desacuerdo. O una situación que invita a esbozar una inevitable y sincera sonrisa. O la sudoración en situaciones incómodas o de estrés

El paso del color natural a uno más rojizo cuando alguien tiene el placer de ser piropeado… Por supuesto, la respuesta de cada uno es distinta. Varía en intensidad, en duración o en matices. Pero lo que tienen en común estas respuestas es que son espontáneas, son difíciles de reprimir y por lo tanto tienen más veracidad si quieres conocer una reacción. ¿Y qué hay del silencio? ¿No es, acaso, la máxima expresión de inexpresividad siendo al mismo tiempo la más reveladora? En mi opinión, sí. Cuando alguien desea algo puede ocurrir que tarde en descubrirlo, en asumirlo o en lanzarse a por ello.

Pero tarde o temprano, si quieres algo lo acabas expresando. Y desde el primer momento hay indicios de que es así, por mucho que no sean totalmente claros. Creo que cuando ocurre todo lo contrario, cuando algo no se quiere o no se necesita, es cuando más queda patente un sentimiento. El odio y el rechazo se manifiestan de una forma más clara, con mucha más fuerza. Sin adornos, muchas veces es más implacable un sencillo silencio. El silencio manda un mensaje más claro que un largo discurso con innumerables puntos en los que poder detenerse.

El silencio dice que no o dice que sí, pero lo dice con más empuje, porque no se deja adornar por nada. Más que otorgar, el silencio sentencia. Y el silencio es respuesta, claro que sí. No es ausencia, sólo que no deja que nada se le acerque. No deja que te escapes. Cuando no tienes respuesta, el silencio deja patente tu carencia. En otros lugares como en China,  el silencio está mejor valorado.

Aquí es casi una ofensa, necesitamos rellenarlo con lo que sea. ‘‘Sigue hablando por dios, no sea que te entienda’’. Todo depende de la pregunta, ojo. Pero si duele más de lo que duele un insulto, es porque produce cierta indiferencia. Y estando vivo, lo último que quiere alguien es que le dediquen un minuto de silencio. Ni que se lo pidan por favor.

silencio


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domingo, 3 de agosto de 2014

¿Cómo saber cuando ir al psicólogo?

¿Cómo saber cuando ir al psicólogo?


En ciertas etapas de la vida, nos encontramos en la situación que no sabemos resolver ciertos problemas y las emociones están más allá de lo que podamos soportar. Nuestros seres queridos nos aconsejan ir al psicólogo, pero muchos lo desestiman. 

Esto se debe a que las personas consideran que ir al psicólogo o hacer terapia es “sólo para los locos”. Es que dar el primer paso para ir a la consulta es el más complicado, no sólo por ese pensamiento sino también por la vergüenza o el temor a que lo consideren “fuera de sus cabales”. 

A pesar de que se ha avanzado bastante en el mito del papel de los psicólogos  y de los analizados, todavía la sociedad sigue relacionando esta profesión con la locura. Según los profesionales, es el miedo a “sacarnos la coraza” lo que nos aleja de la terapia. 

No existen normas en relación a cuándo acudir al psicólogo, todo depende de cada uno. Tampoco que sea “obligatorio” hacerlo. La razón principal por la que una persona va a terapia, básicamente, es porque no se encuentra a gusto consigo misma, ya sea en lo emocional o en lo físico. 

El autoestima alto es fundamental para disfrutar de una vida plena, ya que el amor por uno mismo permite aceptarnos tal cual somos, dejar de lado los pensamientos negativos y amar a los demás, así como también saber diferenciar entre los errores y las equivocaciones y nos permite cuidarnos y respetarnos como seres humanos. 

Es verdad que tenemos días en los que no queremos hacer nada, nos sentimos deprimidos, cansados o estresados. Eso no es para ir al psicólogo. Los días malos donde estamos cansados de la vida y del ajetreo es preciso hacer una pausa, respirar profundo y seguir adelante. 

Pero atención, porque en el momento que esto se convierta en algo recurrente, la regla y no la excepción, es cuando debemos preguntarnos si no es bueno buscar algún tipo de ayuda externa. Los psicólogos son realmente muy útiles cuando nos cuesta salir a la calle, nos sentimos tristes sin saber realmente por qué, la apatía nos gobierna, no entendemos la vida y por qué estamos en un lugar determinado, no tenemos ganas de salir de la cama o de cumplir con las obligaciones, no deseamos comer ni bañarnos, etc. 

Cuando los miedos y la depresión son los que gobiernan nuestra vida, no podemos disfrutar de lo más básico como una charla entre amigos o una salida al parque, nos cuesta mucho hablar en público, tenemos miedo irracional a la muerte o a que pase algo malo, no podemos estar en un sitio cerrado o ver un animal, también es bueno pedir ayuda a un profesional. 

Aquellos que desean tener todo siempre controlado, sus obsesiones son muy grandes y limitan las actividades diarias, si no puedes ver que las cosas no salgan como quieres, o te pasas horas limpiando el mismo sitio (como las manos, la ropa, etc), si tienes miedo a contagiarte todas las enfermedades que existen y somatizas cuando lees o escuchas sobre una dolencia en particular, si no puedes dejar de visitar al médico o tienes conductas repetitivas y poco comunes (comprobar una y otra vez si cerraste la puerta, por ejemplo) tal vez sea un buen momento para asistir a una consulta profesional. 

Y las razones para ir al psicólogo todavía son más: estar demasiado irascible o no poder parar de llorar ante cualquier comentario, problemas serios para conciliar el sueño o concentrarse, ver la vida en negativo, dificultad para comunicar los sentimientos, no saber decir que “NO”, falta de deseo sexual, culpa irracional por ciertas actitudes o pensamientos, nervios, ansiedad, etc. 

Si ha fallecido un familiar, te has divorciado de tu pareja o piensas que es la mejor alternativa, si hubo casos de infidelidad, malos tratos, problemas con amistades, es buena idea charlar del tema con un psicólogo, quién tendrá una mirada objetiva de los hechos. 

Y por último, si has sufrido algún trauma en tu niñez, como ser maltrato, abuso, violencia, dejan secuelas en el comportamiento al ser adultos, por eso vale la pena hablar de ellas, aunque causen mucho dolor el sólo hecho de recordarlo. Las relaciones personales están íntimamente relacionadas a estos problemas de la infancia, así como también la manera en que nos desenvolvemos en el futuro. 

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