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miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Qué es el efecto Tyndall?

El efecto Tyndall es un fenómeno físico estudiado por el científico irlandés John Tyndall en 1869 que explica cómo las partículas coloidales en una disolución o en un gas son visibles porque reflejan o refractan la luz.

A primera vista, estas partículas no son visibles. Así pues, el hecho de que puedan dispersar o absorber la luz de manera distinta al medio, permite distinguirlas a simple vista si la suspensión es atravesada transversalmente al plano visual del observador por un haz intenso de luz. El efecto Tyndall se pone claramente de manifiesto cuando, por ejemplo, encendemos los faros de un coche en la niebla o cuando entra luz solar en una habitación en la que hay polvo suspendido.

Así pues, el efecto Tyndall nos permite explicar por qué el cielo es azul. La luz procedente del Sol es blanca, pero al entrar en la atmósfera terrestre, choca con las moléculas de los gases que la componen y con las partículas en suspensión, sufriendo desviaciones.

La desviación que sufre la luz por efecto de los choques con las moléculas de oxígeno y de nitrógeno es diferente para cada color: mayor es la longitud de onda, menor es la desviación. Los colores que más se desvían son el violeta y el azul (los de menor longitud de onda).

Tyndall, en 1859, fue también el descubridor del efecto invernadero, simulando en el laboratorio la atmósfera de la Tierra para calcular con precisión cuánta energía solar llegaba a la Tierra y cuánta radiaba la Tierra al espacio. Podéis más leer más detalles sobre la historia en ¿Cómo se descubrió el efecto invernadero?

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/fisica/que-es-el-efecto-tyndall

miércoles, 13 de agosto de 2014

Tu plato de carne contamina más que tu auto. Mira lo caro que cuesta al ambiente la carne de vaca que tanto te gusta



Sabias que la cría de ganado destinada al consumo representa el 20% de emisiones de gas de efecto invernadero mundiales, causantes del calentamiento global y es una fuente importante de contaminación de las corrientes de agua subterranea.
Nuestro cargo de conciencia medioambiental (para quienes la tenemos) se relaciona más bien a cómo nos transportamos, a la basura que producimos todos los días, a cómo calefaccionamos nuestro hogar y a muchos otros elementos de nuestro estilo de vida moderno, más que a la elección de nuestra dieta (para esa tenemos otro tipo de culpas).
La contaminación del aire, habitualmente achacada al uso masivo de automóviles, por ejemplo, es una de las fijaciones más frecuentes de quienes aspiran a descontaminar nuestro ambiente, y por lo tanto, se suele apuntar al uso de  transportes más limpios y eficientes como respuesta. Pero tal vez la solución no está sólo en dejar los autos, sino también la carne.
Según este estudio de la Universidad de Bard College en Nueva York la carne de vacuno tiene mayor impacto ambiental a nivel global que todas las otras carnes, como el pollo o el cerdo, sumándose a una serie de estudios que han señalado a esta carne como el alimento de consumo humano que tiene la mayor huella ecológica.
Los mismos expertos aseguran que, comer menos carne podría ser una solución ambiental incluso mejor que la de dejar de usar los autos. Esto, porque se estima que una dieta rica en carne de vacuno (más de 100 g. diarios) por parte de una persona, emitiría 7,2 kg. de CO2 por día. Por su parte, se estima que la emisión promedio de un automóvil ronda los 10 kg. de CO2 diarios, pero como cada auto es habitualmente usado por más de una persona, y mucha más gente en el mundo consume carne que la que maneja automóviles, el impacto global de la carne es mayor.
Según el periódico inglés The Guardian, el impacto medioambiental de la carne ya era un tema conocido, pero este nuevo estudio podría mostrar una nueva escala de daño, particularmente para la carne roja.

Sabias que cocinar una hamburguesa contamina más que manejar un camión

Para criar una vaca se precisa de una superficie 28 veces más amplia que la que se necesita para producir huevos o carne de ave, indica este estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Además se necesita 11 veces más agua para regar los campos donde crece el heno y granos para alimentar a los bovinos que para otros animales de ganadería, según los investigadores del Bard College de Nueva York, la Universidad de Yale y del Instituto de Ciencias Weizmann de Rehovot, en Israel.
Las vacas emiten también cinco veces más gases de efecto invernadero que los otros animales fuentes de proteína.
En total, la cría de ganado destinada al consumo representa el 20% de emisiones de gas de efecto invernadero y es una fuente importante de contaminación de las corrientes de agua, según los científicos.
“Y la vaca es claramente el animal menos económico en recursos entre las cinco categorías de animales”, detalla el estudio.
En Estados Unidos, el 7% del conjunto de calorías que consumen los individuos proviene de la vaca, recuerda el estudio.
En consecuencia, y para aliviar el peso ambiental, los autores proponen “reducir el consumo de carne de vaca”.
Para realizar este estudio, los investigadores analizaron los datos extraídos de campos destinados a la cría de ganado, el uso de recursos como agua y los abonos que han brindado los ministerios de Agricultura, Energía y Asuntos interiores para los años 2000-2010.
Si se le compara con alimentos básicos como la papa, el trigo y el arroz, el impacto de la carne roja por calorías es más extremo, asegura The Guardian, ya que se requiere de 160 veces más tierra y se producen 11 veces más gases de invernadero.
La única carne que requiere más energía para producirse es la de cordero, pero su escala de consumo es tan baja, que su impacto ambiental es insignificante en comparación con la omnipresente carne de vacuno.
Equivalencia entre el impacto ambiental de consumir 113 gr. de diferentes alimentos y la cantidad de kilómetros recorridos por un auto. Fuente: Environmental Working Group
La agricultura en general es un importante motor del calentamiento global ya que causa 15% de todas las emisiones, la mitad de ellas correspondiendo a la ganadería
Fuente: www.diarioecologia.com

viernes, 1 de agosto de 2014

El efecto Google en tu cerebro

El efecto Google en tu cerebro


¿Qué sucede en la mente de adolescentes que acostumbran navegar por horas?

“Si quisiéramos inventar un medio para reconfigurar los circuitos mentales con rapidez, muy probablemente acabaríamos diseñando algo que se ve y funciona como internet”, asegura el escritor estadounidense Nicholas Carr. Autor de The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains, libro que analiza la influencia de internet en nuestra forma de pensar, leer y recordar, Carr no bromea cuando habla de la posibilidad de “reconfigurar” la manera en que funciona nuestro cerebro. “¿Acaso Google nos está volviendo estúpidos?”, pregunta.
A sus 55 años, el escritor reconoce que el uso de internet está transformando sus habilidades por completo. “Hace apenas unos años podía sentarme a leer por horas, pero ahora soy incapaz de concentrarme por un tiempo prolongado. Después de un periodo corto me sorprendo a mí mismo buscando otra cosa que hacer”, confiesa.
Carr, como otros investigadores, considera que el uso de internet está alterando la forma en la que nuestros cerebros procesan información. Pero, ¿hay pruebas científicas de ello? Si, como temen algunos, la tecnología está reconfigurando nuestros circuitos mentales, ¿cómo se están transformando las nuevas generaciones?
Estamos viviendo un cambio mental sin precedentes —responde la neurocientífica Susan Greenfield—. Creo, incluso, que nos estamos convirtiendo en otro tipo de seres humanos”.
Reconfigurar el cerebro mediante el uso de internet parece una aseveración demasiado drástica. Sin embargo, los estudios realizados por el neurocientífico Gary Small dan indicios de que nuestro cerebro es sensible a esta tecnología. Small es autor del libro iBrain y uno de los pocos científicos que aportan pruebas sobre los efectos de internet. En 2008 realizó un experimento que —publicado con el título “Tu cerebro en Google”— mostró que una hora diaria frente a la computadora es suficiente para reconfigurarlo.
El estudio consistió en reunir a 12 experimentados internautas y a 12 novatos para realizar dos sesiones de búsqueda de información en internet, mientras sus cerebros eran escaneados. En la primera sesión, los novatos llegaron sin entrenamiento previo y la actividad que se detectó en su cerebro fue mínima. La segunda sesión se realizó seis días después, pero en esta ocasión los 12 novatos recibieron la encomienda de dedicar una hora diaria al uso de internet, antes de acudir a la sesión. Y el resultado fue sorprendente.
En la segunda ocasión, los escáneres practicados revelaron que la actividad en la corteza prefrontal —antes dormida en el grupo de novatos— era similar a la de los 12 experimentados internautas. 
Esto significa, explica Small, que cinco horas de internet son suficientes para alterar y reconfigurar nuestro cerebro. “Si nuestro cerebro es tan sensible a la tecnología y una hora frente a la computadora puede provocar alteraciones, ¿qué sucede cuando pasamos más tiempo en línea? ¿Qué está ocurriendo en el cerebro de los jóvenes que pasan varias horas al día conectados a internet o pegados a los videojuegos?”, se pregunta el científico.
La respuesta nadie la sabe, asegura Kate Mills, estudiante de doctorado del Institute of Cognitive Neuroscience de la University College de Londres.
Adaptación adolescente
Kate Mills es una de las científicas más jóvenes que se han interesado en el tema. Es común encontrarla como ponente en eventos y conferencias tratando de suavizar la visión apocalíptica que algunos escritores e investigadores difunden.
Se dice que internet tiene un impacto negativo en nuestros procesos mentales, pero lo cierto es que no hay estudios científicos que sustenten tal afirmación cuando hablamos del uso normal de internet, y no de su uso en exceso”, dice.
Kate empezó a usar computadoras desde los ocho años y, a diferencia de la mayoría de los críticos de internet, creció navegando en la web, mandando correos electrónicos, leyendo blogs y posteando en Facebook. Y por ello, no se siente más torpe ni menos lista que sus padres. Entonces, ¿por qué el miedo al uso de internet? ¿Qué se puede decir de su efecto en los adolescentes?
Quizá lo mejor sería preguntarnos: ¿qué sabemos de la mente adolescente? para entender, así, de dónde surgen esos miedos”, propone la investigadora.
Al respecto, Mills comenta que el cerebro adolescente es sensible a las influencias del entorno. Gracias a la tecnología de resonancia magnética o MRI, los neurocientíficos han logrado “mirar” dentro del cerebro vivo de chicos de entre 13 y 19 años para descubrir que este sigue en proceso de transformación.
Por mucho tiempo se pensó que el cerebro se desarrollaba por completo durante los primeros años de infancia, pero hoy sabemos que el cerebro continúa su desarrollo a lo largo de la adolescencia hasta mediados de los 20 años”, aclara.
Así que si fotografiáramos cada año el cerebro de un adolescente encontraríamos cambios entre una toma y otra. En principio, notaríamos diferencias en los tejidos del cerebro. Particularmente, en la materia gris.
La psicóloga de la Universidad de Oxford, Kathrin Cohen, explica que la cantidad de materia gris —que contiene las células y conexiones del cerebro— se reduce drásticamente durante el periodo de adolescencia. “Dependiendo del medio ambiente, las conexiones se mantienen, se fortalecen o se eliminan. Se trata de un proceso bastante largo que culmina alrededor de los 25 años”. 
Susan Greenfield prefiere explicar los cambios diciendo que la red de células que integran el cerebro cambia en respuesta a ciertas experiencias y estímulos. “El cerebro, en otras palabras, es maleable durante la infancia, la adolescencia e, incluso, durante la edad adulta. El cerebro tiene el mandato evolutivo de adaptarse”.
Nueva memoria
La psicóloga de la Universidad de Columbia, Betsy Sparrow, realizó un experimento que confirma esta capacidad de adaptación y, al mismo tiempo, la influencia que la tecnología está teniendo en actividades mentales como lamemoria. “Con la llegada de los buscadores de información hemos aprendido a memorizar de otra manera. Tendemos a olvidar lo que sabemos que podemos hallar en internet y a recordar solo aquello que creemos que no estará disponible en línea”, explica en un artículo publicado de la revista Science, en julio de 2011.
Parece aceptarse el hecho de que la tecnología puede afectar de alguna manera el funcionamiento del cerebro, pero ¿se sabe en qué áreas se está llevando a cabo tal transformación? Una vez más, Kate Mills invita a reformular la pregunta y a pensar en las áreas del cerebro que sufren mayor transformación durante la adolescencia. Explica que la región que más se modifica es la corteza prefrontal, área del cerebro que es mucho mayor en los seres humanos que en otras especies. 
La psicóloga Kathrin Cohen destaca que esa parte del cerebro está relacionada con procesos complejos, como la toma de decisiones, la planeación y la inhibición de conductas inapropiadas. Es un área que también se involucra en la interacción social y que hace posible que tengamos empatía.
Mientras el cerebro desarrolla formas de adaptarse a las nuevas habilidades que exige el mundo tecnológico, está dejando a un lado habilidades sociales, como leer las expresiones faciales durante una conversación o analizar el contexto emocional de un gesto”, dice Gary Small.
Es un hecho que la tecnología está provocando cambios en nosotros. Quizá, como dice Small, estamos perdiendo la habilidad de interactuar en persona, pero por otro lado también estamos ganando habilidades nuevas, como la capacidad de hacer varias cosas a la vez. El fenómeno se conoce como second screen o multitasking.
Y es un hecho que los mexicanos están fortaleciendo esa capacidad, ya que —de acuerdo con IAB México (Interactive Advertising Bureau)— 44% de los cibernautas del país acostumbra ver televisión y navegar por internet al mismo tiempo.
Por otra parte, al parecer, la capacidad de concentración y la profundidad de pensamiento se están debilitando, porque los adolescentes tienden a leer superficialmente y a escanear visualmente en busca de palabras claves. Si como dice Susan Greenfield, nos estamos convirtiendo en otro tipo de seres humanos, esa nueva raza tiene el rostro de los “nativos digitales”, aquellos que nacieron entre 1981 y el 2000, y que nunca han vivido sin computadora y la influencia de internet.

Fuente: http://quo.mx/revista-quo/2014/07/31/el-efecto-google-en-tu-cerebro