miércoles, 24 de septiembre de 2014

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Se ha charlado aquí sobre algunos de los pilotos más destacados en la historia de la F1; de los equipos sobresalientes; de los autódromos considerados universales. Ahora, vienen comentarios sobre ciertos personajes que han sido protagonistas. Políticos del deporte que fueron muy importantes en su época, cada cual.

Las carreras de esta categoría pintan un mural en el que el centímetro previo soporta al siguiente. Todo vale. Todo cuenta. Es también caleidoscopio. Y se parece a los circos, dicho sea de modo nada peyorativo, por cierto. Ocurre que va montando y desmontando su carpa por el mundo, para dar espectáculo a chicos y a grandes.

Animales abundan, son miles y miles de caballos de fuerza, muchos tigres y más de un águila de las que no traen calcetines o zapatos. Payasos, los ha tenido; también domadores. Hasta mujeres con bigotes. Se cobra la entrada. Y consigue que todos salgan felices después de cada función. No en balde se ha celebrado la carrera número 911 de su fenomenal recorrido por la historia.

Es el pábulo idóneo para hacer una apostilla, de prisa, claro: sobre ciertas personalidades que han estado muy cerca del acontecimiento del vértigo. Considerando, de entrada, a los presidentes. Desde 1948 a estos días, ha habido nueve al frente de la FIA, todos ellos europeos y, dado que tienen —entre otras de sus responsabilidades— también la autoridad deportiva de la Fórmula 1, por lógica, es que son determinantes.

Desde Jean-Marie Balestre, quien la presidió de 1985 a 1993 y se hizo notar. El mundo había cambiado en su manera de comunicarse y tal señor francés, que era el equivalente a los más consumados políticos de las Olimpiadas o los Mundiales de Futbol, se convertía en personaje de primera plana. Su cumbre fatal fue con los duelos entre Alain Prost y Ayrton Senna, cuando los dos trabajaban para McLaren. Era más empeñoso y, desde luego, mucho más querido el paulista, pero Balestre le tenía cierta predisposición y se inclinaba —por obvia inercia— a favor del paisano. Con ello, dejó marcado su tiempo.

Mediante elecciones mundiales llegó al puesto clave el inglés Max Mosley, de la familia de las carreras porque hasta socio fue del equipo March. A él le tocó la revolución marcada sustancialmente por la seguridad de los pilotos, que siempre —como paradoja— le venía a restar emoción al asunto; gobernó desde 1993 hasta 2009 y acabó por quedar mal comprendido en varios frentes.

La estafeta la recoge Jean Todt, otro francés, que empieza en 2009. Tipo experimentado y con una mano izquierda de antología. Pasó años al frente de Peugeot de Endurance y estuvo en la dirección, en los días más brillantes de siempre, en Ferrari. Al mando de la FIA, a él le toca integrar bien a bien el tema de la cibernética al deporte; así como contribuir decisivo a que se dignifique y aún brille más el deporte de las carreras. De lo muy técnico, se reclama, que sean apasionantes. No la tiene fácil, pero lleva la batuta con gran prudencia.  

Como representante de México en estos menesteres está José Abed, que cuenta con toda la experiencia del mundo. Es uno de los vicepresidentes mundiales. Es callado y constante, su enorme virtud. Él hace suponer que estarán en buenas manos los días de noviembre de 2015, cuando se dispute de nuevo un Grand Prix en esta tierra.

angelo.della.corsa@topformula1.com

 www.tf1.mx

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