martes, 28 de agosto de 2012

HAZAÑAS AJENAS

Efraín del Castillo



Entre “glorias pasadas” y “hazañas ajenas”, los mexicanos vamos pasando la vida. Hoy la euforia del momento es que por fin “se pudo”. Es decir, el triunfo de la selección mexicana en el futbol olímpico se ha traducido y difundido como un verdadero logro de todos, absolutamente todos, los mexicanos. Si hubieran perdido, hubieran sido ellos, los seleccionados, antes mejor conocidos como los “ratones verdes”. Pero no, ahora fue el triunfo de todos, todos le ganamos a Brasil, todos nos bañamos de oro. Mientras dure el encanto de este triunfo, muchas cosas se diluirán y pasarán desapercibidas. Para millones de compatriotas, ni siquiera habrán ocurrido.



Las olimpíadas como los campeonatos del mundo y todos los torneos de apertura y de cierre y de todo lo que se les ocurra a las televisoras, solamente sirven para seguir enajenando a la gente y mantenerla al margen de la problemática nacional. ¿Por qué no somos campeones del mundo en cada ramo de actividad que tenemos? ¿Por qué necesitamos que otros destaquen para vernos reflejados y montarnos en ese triunfo ajeno? ¿Por qué nos duele tanto cuando pierden y hasta les hacemos rechiflas? ¿Por qué no hemos festejado igual a los médicos mexicanos que recientemente lograron el primer trasplante de brazos en el mundo? ¿Por qué tantos y tantos talentos mexicanos pasan de noche para la inmensa mayoría? Cada interrogante podría dar para organizar un debate específico y serviría para darnos cuenta de que todos esos “eventos” más que deporte, son auténticos negocios y por eso reciben toneladas de dinero para su difusión, transmisión y retransmisión. Ésta última, por si alguien se quedó sin la grandiosa posibilidad de verlos.



Desde luego, viene a colación aclarar que no se está en contra de las actividades deportivas. Mucho menos de las que sirven para mejorar la salud, promover la integración social, prevenir y combatir las adicciones y las que motivan el desarrollo integral de los individuos. En ese tenor, estamos de acuerdo. El punto es que se use al deporte como pretexto para la enajenación y el control. Ya en ocasiones anteriores, se comentaba el rol que ejerce la iglesia católica como instancia de control de masas. Idéntico papel desempeñan las televisoras a través de estos eventos. Millones de mexicanos estuvieron durante las últimas tres semanas pegados frente al televisor para contemplar, que no protagonizar, competencias en las cuales virtualmente nada tenemos que ver. Nuestra presencia es tan marginal y los beneficios tan lejanos, que nos resultan actividades totalmente ajenas. Sólo sirven para distraernos de las cosas relevantes y para mantenernos seducidos en temas que son propicios para esa silente dominación que nos genera un ficticio estado de bienestar.



El oro de los futbolistas olímpicos ha servido para que no nos percatemos del alza mensual a las gasolinas y demás combustibles. Ninguno de los aficionados que se reunieron en torno al Ángel de la Independencia recordó que todavía no se resuelve el conflicto de Mexicana de Aviación. Ninguno de los que se concentraron en las principales glorietas y plazas de las ciudades medias y grandes del país se acordó que hay una elección cuestionada y que todavía no hay declaratoria de presidente electo. A ninguno de ellos les preocupó el tema de la influenza aviar y el efecto adverso que esto ha tenido en la economía de las familias más pobres, cuya principal fuente de proteína de origen animal es justamente el huevo. Tampoco se consideró que miles de jóvenes fueron rechazados de las universidades públicas y que su futuro está en vilo.



Sin duda, tenemos y somos el país que merecemos. Somos patrioteros ante “triunfos deportivos” que en poco abonan a salir del marasmo dónde nos encontramos. Pero somos poco patriotas para defender nuestros legítimos intereses, como sería la economía que cada vez es más dependiente del exterior o nuestra cultura que cada día está siendo sustituida por costumbres ajenas a las nuestras. En nada de eso somos campeones. Si hubiera un campeonato para evaluar el grado de horas que un individuo pasa frente al televisor, ahí si podríamos estar en nivel de competitividad. Millones de mexicanos podrían registrarse con elevadísimas probabilidades de triunfo para jugar un papel destacado en ese terreno. Mientras tanto, nos deberemos conformar con el triunfo de una oncena de compatriotas que están destacando en lo que hacen o de lo que lograron otros atletas en competencias anteriores. A falta de logros, bien nos vienen las hazañas ajenas.

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