miércoles, 24 de septiembre de 2014

Tlatlaya… en la niebla


Tlatlaya… en la niebla

La investigación de la probable matanza de Tlatlaya, en la cual 22 jóvenes habrían sido ejecutados por el Ejército, digan lo que digan, sigue en la niebla.

Si bien parece quedar plenamente confirmado que el 30 de junio hubo un enfrentamiento entre soldados del Ejército y una banda criminal, al parecer vinculada con La Familia Michoacana, las pesquisas judiciales y las investigaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) aún no despejan la sospecha de que el Ejército haya utilizado la fuerza letal para ejecutarlos.

Hay evidencia parcial de lo ocurrido aquella madrugada en la localidad mexiquense de San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México.

Marat Paredes Montiel, segundo visitador general de la Comisión Nacional de Derechos Humanos confirma lo dicho hace dos meses y medio por la Secretaría de la Defensa Nacional. Como dato nuevo agrega que en el enfrentamiento dos de las tres mujeres supuestamente secuestradas y rescatadas por el Ejército están detenidas, acusadas por la PGR de acopio de armas y delincuencia organizada. La autoridad judicial descubrió que las aparentes víctimas en realidad eran parte de la banda criminal.

Sin embargo, en notas publicadas por la agencia Associated Press (AP) y el adelanto de la revista Esquire Latinoamerica, una testigo del enfrentamiento relata cómo esa madrugada llegaron soldados, efectivamente hubo un tiroteo, pero después, los presuntos delincuentes se rindieron y una vez sometidos, los militares los ejecutaron. Son dos tiempos distintos.

Ahora sabemos que Julia, la testigo es madre de Erika Gómez, muerta en el nebuloso enfrentamiento. Julia asegura haber visto cómo a su hija le dieron dos tiros que le perforaron corazón y pulmones cuando ya estaba herida… y en el piso. La acusación es grave y escandalosa. Ya lo habíamos escrito: “De confirmarse, estaríamos ante la peor masacre cometida por el Ejército mexicano en los últimos tiempos”. No es poca cosa.

La CNDH investiga de oficio impulsada por las notas informativas publicadas en los días posteriores a la supuesta matanza. A casi tres meses de los hechos aún no hay queja presentada. Habrá conclusiones en seis semanas, pero hasta el momento, y de acuerdo con testimonios, peritajes, necropsias y otras evidencias, todo indica que en el enfrentamiento los 22 jóvenes muertos dispararon algún tipo de arma. Además, de los muertos, hay otros cinco implicados: tres testigos y dos más quienes huyeron, de acuerdo con los testimonios obtenidos hasta ahora por la CNDH.

Las declaraciones de Marat Paredes fueron ratificadas por el ombudsman nacional, Raúl Plascencia Villanueva quien promete que la CNDH, en su momento, dirá la verdad sin condición alguna.

Aun así, el Ejército sigue en el banquillo. Las revelaciones de la CNDH no alcanzan a desvanecer la sospecha de que pesa sobre la acción militar posterior al enfrentamiento. Una cosa es probar que hubo enfrentamiento y otra negar el probable uso de la fuerza militar letal, aunque el expresidente Vicente Fox alegue que “el Ejército no está para respetar los derechos humanos”.

La sospecha también recae sobre el gobierno mexiquense por haber acelerado las pesquisas y anunciado conclusiones antes de declararse incompetente y entregar el caso a la autoridad federal. Sólo así se explica el apresuramiento del secretario de Gobierno, José Manzur Quiroga, por afirmar que lo ocurrido no fue una ejecución masiva.

No hay que confundirnos. Lo que hoy debe aclararse no es la forma en que vivieron los 22 caídos en la refriega, sino el modo en que murieron. En el supuesto de que hayan sido los peores criminales, nada justificaría su ajusticiamiento.  Hasta ahora, la autoridad responsable calla; se escuda en el sigilo obligado para cualquier investigación criminal.  Cuestionado en Nueva York, el Presidente de la República ataja: “Toda la información del caso Tlatlaya será administrada por la PGR”. Es decir, habrá noticias cuando haya noticias.  Mientras, el vaso informativo medio vacío se llena poco a poco.

Borregazo: alguien poderoso se puso de rodillas para agradecer al cielo el golpe del huracán Odile en Sonora. Alguien liberado por lo que la tormenta se llevó… la presa que aún lo apresa.

                josecardenas.com.mx

                Twitter:@JoseCardenas1

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Rumbo a la elección presidencial de 2018

Ayer, en una conferencia, me hicieron una pregunta que me sorprendió: ¿qué podía decir de la elección presidencial de 2018? Mi primera respuesta fue la obvia: decir que todavía estaba muy lejana. Pero luego me quedé pensando. En realidad sí hay cosas que podemos afirmar de los comicios que se llevarán a cabo en menos de cuatro años. Y desde luego existen muchas dudas que desde ahora podemos adelantar.

¿Qué sabemos de cierto?

En primer lugar que López Obrador, si su salud se lo permite, volverá a aparecer en la boleta presidencial. Él mismo lo ha afirmado. En febrero pasado declaró: “Si quiere la gente voy a ir de nuevo en 2018. Esto que te digo, no les gusta a mis adversarios, les molesta, a lo mejor también por eso lo hago, porque la verdad yo no lucho por cargos, yo lucho por ideales por principios; si estoy con vida para entonces y quiere la gente, pues vamos a tener otra cita con la historia, la tercera será la vencida”. Ya sabemos quién es la “gente” cuando habla López Obrador: él.

A diferencia de las dos ocasiones pasadas, la decisión de aparecer en la boleta no va a depender de los perredistas. Ahora él tendrá este poder porque en 2018 AMLO tendrá su propio partido, Morena, para hacer y deshacer a su gusto.

Una segunda cosa que podemos afirmar es que, en el caso del PRI, regresará el dedazo. No es que así lo haya revelado Peña Nieto. Pero yo no tengo la menor duda que, en la cultura política que sigue prevaleciendo en el PRI, será el Presidente el que decida quién será el candidato presidencial de ese partido. No quiere decir, sin embargo, que será su amigo, compadre o favorito. Si algo demostró Peña cuando tomó la decisión de quién sería el candidato del PRI a la gubernatura del Estado de México es que prefiere al mejor posicionado en las encuestas. En aquel entonces fue el alcalde de Ecatepec, Eruviel Ávila. Creo que en 2018 hará lo mismo: su dedo mágico apuntará al priista con mejores posibilidades de ganar la elección.

En cuanto al PAN, creo que ese partido llegará débil y dividido a 2018. Un poco como le pasó al PRI en 2006. Los priistas no acababan de procesar la derrota de 2000. Varios grupos se pelearon a muerte. El presidente del partido, Roberto Madrazo, lejos de ser un factor de unidad, agudizó aún más las divisiones por su capricho de ser el candidato presidencial. De esta forma, el PRI llegó muy debilitado a las elecciones y acabó en un lejano tercer lugar. El PAN corre el mismo riesgo. Ante las divisiones que todavía genera la derrota de 2012 y la polarización que se ha dado durante la dirigencia de Gustavo Madero (quien, por cierto, se rumora que quiere ser candidato presidencial), a los panistas se les está acabando el tiempo para recomponerse rumbo a 2018.

Otra cosa que sabemos de cierto es que la elección será la más cara de la historia de México. Los partidos tendrán más dinero que nunca ya que, por la puerta de atrás, se aprobaron un aumento en sus partidas presupuestales en la última Reforma Electoral. Además, cambiaron las reglas para tener aún más spots de radio y televisión. Así que habrá mucha exposición mediática y mucho dinero rondando en torno a la política. Esto inevitablemente llevará a una nueva discusión sobre compra del voto en un país con partidos ricos y votantes pobres.

Desde ahora también podemos adelantar algunas dudas rumbo a la elección de 2018. Por ejemplo, ¿qué va a hacer el PRD frente al hecho de que López Obrador irá, con toda seguridad, en la boleta? ¿Se plegará una vez más al tabasqueño o irá con su propio candidato? Las dos opciones parecen malas para los perredistas. Ir con AMLO significaría reconocer que en todos estos años no pudieron generar un candidato con el peso político para aparecer en la boleta. Pero ir con su proprio candidato, quizá Miguel Ángel Mancera, dividiría el voto de la izquierda entre el PRD y Morena. De esa forma, divididos, será muy difícil que la izquierda gane la Presidencia en 2018.

A menos que ese año explote una crisis económica, ya sea por un choque externo o por el mal manejo de la política fiscal. Eso sí que beneficiaría a López Obrador quien es el candidato perfecto para los desilusionados por un crack de la economía: fue el único que no cooperó con el gobierno de Peña en el Pacto por México. Ahí sí que podría ganar, como él dice, a la tercera.

                Twitter: @leozuckermann

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Medios y narcos: reglas no escritas

Hace muchos años, cuando comencé a investigar y publicar seriamente temas relacionados con el narcotráfico, le pregunté a un muy alto funcionario de seguridad que era, además, un hombre respetable y honesto, qué reglas no debía romper para tratar de preservar la seguridad, siempre tan volátil al investigar ese tipo de asuntos. Me dijo que tres eran básicas: primero no escribir de las familias (novias, esposas, amantes, hijos) salvo en los casos en que evidentemente éstos estaban involucrados en los negocios de esos personajes. Segundo, tener siempre fuentes que confirmaran lo que se publicaba: suena muy bien decir que es información exclusiva que no proviene de fuente alguna (siempre hay alguna fuente en realidad), pero cuando hablamos de narcotráfico alguien tiene que hacerse responsable de lo que se afirma, particularmente cuando se trata de adjudicar un delito, sea a un inocente o a un traficante. Tercero, me dijo aquel alto funcionario de seguridad, nunca aceptes, nunca publiques información de la que no sepas el origen: en la mayoría de los casos es información que proviene de un grupo para golpear a sus rivales, en el momento en que la publiques, aunque sea información verídica o verosímil y si no está confirmada por una fuente identificable, uno de los grupos te asumirá como un aliado implícito y el otro como un adversario potencial. En las dos opciones estará en peligro tu seguridad.

Un cuarto punto surgió unos años después. Un célebre delincuente detenido desde tiempo atrás en el penal de Almoloya, me escribió una carta. Decía que había leído alguno de mis libros y me ofrecía escribir su biografía a partir de una serie de entrevistas que se podrían realizar en el mismo penal de alta seguridad. Consulté el tema nuevamente con el mismo amigo y me recomendó desechar la oferta: era atractiva editorialmente pero era también una forma de involucrarse con ese grupo criminal, aunque fuera indirectamente y atenerse a las opiniones de ese delincuente, de sus aliados que todavía estaban en libertad o de sus enemigos. Una vez más tenía razón. Desde entonces he tenido como norma no entrevistar, no establecer relación consciente, nunca, con ese tipo de personajes.

Todos sabemos que a lo largo de estos años, la historia que le cuento es de mediados de los 90, las reglas han cambiado. Si antes los narcotraficantes al estilo Juan José el Azul Esparragoza o el propio Amado Carrillo Fuentes trataban de preservar la seguridad de la parte de su familia que no estaba en el negocio y muy rara vez involucrar a hijos o esposas en ellos, hoy ese negocio se ha vuelto cada día más indiscriminado e inclemente, y las venganzas se ceban, también, en todos: madres, hijos, novias, esposas. Si en el pasado era norma no ofrecer información sin fuente conocida, hoy proliferan reportajes, textos, libros, con historias, algunas, muy bien construidas, pero con otras francamente inverosímiles (¿cómo describir el diálogo a solas, según esto textual, entrecomillado, entre dos narcotraficantes si se dice explícitamente que no hay testigos del mismo?)  y todo parece igual, nada se debe comprobar. Es obvio que en muchas ocasiones se trata de expedientes construidos con algún interés particular. Hoy son, o eran, en ocasiones las autoridades las que buscan que se entreviste a determinados delincuentes, o éstos proponen, con o sin coerción, esos encuentros con comunicadores. Por mi parte, he mantenido aquellas viejas reglas durante años y sigo pensando que son acertadas, correctas y que establecen una suerte de código ético sobre cómo tratar el tema. No vamos a decir que nunca se han generado amenazas, pero sí que, respetándolas, se puede mantener un cierto control sobre la situación.

Todo esto viene a cuento por los dos periodistas que aparecieron en un video con Servando Gómez La Tuta. No voy a juzgar a dos colegas que no conozco y soy consciente de que cubrir la información de seguridad en Michoacán fue y es complejo para los medios locales. Pero también es obvio cómo se comienzan a complicar las cosas cuando se borran los límites o las reglas se olvidan. En Michoacán, más allá de la violencia y la coerción, hubo un involucramiento casi generalizado con los grupos criminales, por buenas o malas razones. Por eso hemos visto al hijo de un gobernador, a un exgobernador, a presidentes municipales, a políticos y empresarios y ahora a periodistas filmados con La Tuta y todos esos encuentros se dan en un marco de cordialidad con el jefe de Los Templarios y en la mayoría de los casos de franca colaboración con éste. Puede haber habido amenazas pero, como ocurriría en Colombia en los tiempos de Pablo Escobar, lo que importaba era la conveniencia, el dinero, el acercamiento al poder que representaban esos grupos. Y en la vida, como en los medios, han que imponerse reglas y tratar de respetarlas si no se quiere ser arrollado por las circunstancias.

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