lunes, 27 de agosto de 2012

CONCIENCIA PASTORAL

Efraín del Castillo



Después de algún tiempo fuera del país y ahora protegido por elementos de seguridad dadas las amenazas recibidas, el sacerdote católico Alejandro Solalinde, coordinador del albergue de Ixtepec, Oaxaca, dedicado a proteger a indocumentados en su paso hacia Estados Unidos, informó que ha recibido instrucciones del obispo Óscar Campos Contreras para dejar esa labor humanitaria de apoyo a los cientos de migrantes centroamericanos que utilizan el ferrocarril proveniente del sureste para trasladarse en busca del “sueño americano”.



Congruente con sus ideas, Solalinde señaló que deberá obedecer las órdenes del obispo, pero no podrá desobedecer las órdenes de su conciencia, que le obligan a seguir brindando apoyo a ese flujo cotidiano de alrededor de 500 individuos que forzados por la pobreza prevalente en sus países, van en busca de una oportunidad laboral a territorio norteamericano, como igual lo hacen cientos de mexicanos motivados por las mismas razones. El religioso dijo que en noviembre próximo “concluye su comisión en la Pastoral de la Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)”, y que se le pretende asignar a una parroquia para que deje de tener un papel protagónico que incluso lo ha colocado en posición de riesgo, pues el crimen organizado lo identifica como un enemigo dado que impide el reclutamiento de personas para los fines que ellos persiguen, incluidos el tráfico de estupefacientes y la prostitución. Sus superiores, al forzarlo a abandonar el liderazgo en el albergue, finalmente se alinean con los intereses de los criminales y se aprestan a dejar al garete a los indocumentados.



Ésta no es la primera vez que elogiamos la labor de Solalinde, quien al igual que algunos otros sacerdotes católicos trata de hacer de la misión pastoral, una tarea de ayuda y de contenido social. Para nadie es desconocido que hemos asumido una posición crítica ante una iglesia que la hace de comparsa ante los intereses de los poderosos. También, hemos sido severos en el señalamiento de las desviaciones de algunos clérigos como Marcial Maciel, cuyas acciones en el tema de pederastia sólo pueden provocar repulsión. El caso de AS es distinto, como diferente ha sido el papel de Samuel Ruiz o de Sergio Vera o de muchos otros cuya labor ha sido menos difundida, pero no por eso menos importante en la defensa de los derechos humanos y de la justicia y hasta en la promoción del desarrollo económico de los pueblos indígenas.



“Él no es capaz de ver el paso de Dios en mi misión, en mi vida, en lo que yo hago”, dijo lacónico Solalinde, respecto al obispo Campos Contreras. En efecto, muchos de los jerarcas católicos jamás han sentido esa identificación con las causas sociales. Única y exclusivamente han percibido que su función es de coadyuvancia con las clases dominantes. “El que paga, manda” reza un viejo adagio popular y en el caso de la iglesia católica, esta premisa ha sido una constante desde hace varios siglos cuando se establecieron en lo que hoy es México para contribuir señaladamente a la colonización de los pueblos originarios. Fue a través de los conocidos mecanismos de aterrorizamiento que lograron edificar los fastuosos templos que todavía hoy siguen siendo símbolo de su poderío. Tan sólo en Morelia, la catedral deja muy pequeño al Palacio de Gobierno. Habría que analizar caso por caso y probablemente, en cada ciudad encontraríamos situaciones semejantes.



El caso es que una vez más se castiga y se limita al que hace de la misión pastoral una oportunidad de servicio y ayuda humanitaria. El mismo Solalinde reconoce que cada vez hay menos gente en los templos y más personas que necesitan ayuda en las calles, en el campo y en las vías de comunicación como las ferroviarias. Entre los cientos de centroamericanos están incluidas decenas de mujeres que viajan preñadas o con hijos en brazos y que al ser acosadas por sus mismos compañeros de viaje o por los criminales, sufren mermas en su salud física y mental. El viaje en la famosa “Bestia” implica también insolación y hambre. Si no se puede frenar este masivo flujo migratorio, al menos es loable hacer un esfuerzo de ayuda, de apoyo, de protección y de aliento. Eso es lo que hace Alejandro Solalinde y eso es lo que su iglesia le ha ordenado que deje de hacer.

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